Trump presiona a la FIFA por la roja a Balogun y estalla la polémica
Trump admitió que contactó a la FIFA, que revocó la tarjeta roja a Balogun. Brasil defendió al árbitro Claus y Europa cerró filas contra la injerencia política.

El poder político metió la mano en el fútbol. Donald Trump reconoció que se puso en contacto con la FIFA, que terminó revocando la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun. Estados Unidos, coanfitrión del próximo Mundial, convirtió una expulsión en un frente diplomático.
La roja se la había mostrado el árbitro brasileño Raphael Claus durante una victoria de Estados Unidos ante Bosnia. Trump no solo movió los hilos: también puso en duda la reputación del colegiado, aunque aclaró que no le gusta "crear controversias".
La respuesta de Brasil, un país que vive el fútbol como una religión y que mantiene contenciosos comerciales con Trump, llegó por la vía institucional. La Confederación de Fútbol (CBF) salió a bancar al árbitro sin medias tintas: "La CBF rechaza cualquier insinuación que ponga en duda la integridad de Raphael Claus. Es un profesional ejemplar".
Europa cierra filas
La intervención tuvo efecto boomerang. El ministro de Relaciones Exteriores belga, cuyo país enfrenta a Estados Unidos el lunes por la eliminación directa, calificó el giro de la FIFA de "incomprensible". El comisionado de Deportes de la UE, Glenn Micallef, fue directo: decisiones de este tipo "corresponden a los organismos deportivos, no a los políticos".
Desde el propio Gobierno estadounidense subieron la apuesta. El secretario de Estado Marco Rubio dijo que a Estados Unidos lo "jodieron" con la roja y bromeó con que el tema podría aparecer en una cumbre de la OTAN. "Solo espero que el partido se juegue, que todos estén a pleno rendimiento y que el ganador sea el ganador", planteó.
El manual del "Estados Unidos primero"
El episodio encaja en la lógica con la que Trump viene manejando su gestión: usar el peso de su país para salirse con la suya, aun a riesgo de molestar a sus aliados. Contó que planteó el asunto directamente a Gianni Infantino, presidente de la FIFA alineado con él, que alquiló espacio en la Trump Tower e incluso le entregó un "Premio de la Paz de la FIFA". Infantino, por su parte, aseguró que le respondió a Trump que la revisión fue independiente.
La escena resultó demasiado hasta para Sepp Blatter, antecesor de Infantino que dimitió en 2015 tras una investigación por corrupción respaldada por Estados Unidos. "El fútbol nunca debe convertirse en un campo de juego del poder político", publicó.
Los antecedentes que enciende la polémica
Las críticas no fueron solo de un lado. El exdiplomático estadounidense Brett Bruen, habitual crítico de Trump, recordó que los europeos no mostraron la misma indignación cuando se anuló una tarjeta roja a Cristiano Ronaldo en la clasificación mundialista. "Durante años, los europeos ayudaron y toleraron flagrantes fallos éticos en la federación internacional de fútbol", disparó.
El Mundial, después de todo, nunca fue ajeno a las peleas fuera de la cancha. En 1982, un jeque kuwaití entró al campo y convenció al árbitro de anular un gol. Y en 1969, Honduras y El Salvador libraron una breve guerra tras un partido de clasificación. La roja a Balogun se suma a esa larga historia donde el fútbol y la política se cruzan sin pedir permiso.

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